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El blanco para el hábito de 200 Monges

El blanco para el hábito de 200 Monges

El blanco para el hábito, imagen parque de barricas | Wine & Grapes News

El blanco para el hábito de 200 Monges, una magnífica gama de vinos blancos riojanos

El blanco para el hábito de 200 Monges. Muchos tenemos en mente a los monjes con el hábito oscuro. Muchos tenemos en mente los vinos de La Rioja en tinto. En este caso, los Monges (con g y no con j) son blancos y hoy, los sacamos de su larga clausura para que los conozca el mundo.

Entendemos perfectamente al enólogo Miguel Ángel Rodríguez cuando dice “esta tierra me he dado lo mejor”. Se refiere al carácter encontrado en la superficie de Albelda de Iregua y, también en sus entrañas, donde se excavó la bodega Vinícola Real, uno de los iconos vitivinícolas de La Rioja.

Tipicidad y singularidad a partes iguales en unos vinos que expresan el regalo del terruño, la selección del mejor fruto y el momento óptimo en la maduración de este. Aquí parece que el tiempo pase de otra manera. Las largas crianzas son la norma y, hasta ahora, 25 años después del inicio del proyecto, los vinos tintos han sido el baluarte de esta bodega que durante tanto tiempo ha cosechado reconocimientos dentro y fuera de nuestras fronteras.

200 Monges es un homenaje a todos aquellos eremitas que habitaban el conjunto medieval del Monasterio de San Martín de Albelda. El cambio de la G por la J es un homenaje a estos clérigos que dedicaron su vida a Dios y nos legaron su Sangre: el vino. Y en este caso, tinto. Hasta ahora.

Tres vinos blancos

Y decimos hasta ahora porque la bodega descubre, tras largos años de paciente espera, tres vinos blancos de altísimo nivel y que algunos hemos tenido la suerte y el privilegio de tener en nuestra copa.

El primero que os presento es el 200 Monges Reserva Blanco 2010. Elaborado con viura principalmente y un poco de malvasía. Tiene un año de crianza en barrica de roble, cuatro años en deposito de inoxidable y cinco largos años de botella, antes de que pueda haber visto la luz. Es el primero que he probado de los tres. Su color amarillo es precioso y la fruta blanca y las flores aparecen sin disimulo en copa parada. Al agitarla, el festival olfativo se potencia con la intención de invitarte al primer trago. En boca, tiene un muy buen ataque con acidez cítrica y recuerdos salinos. Amplio y graso, tiene buena persistencia en boca y su recuerdo es largo y elegante.

El segundo, es más mayor, en edad y madurez. Es el 200 Monges Gran Reserva Blanco 2008, elaborado íntegramente con la mejor selección de viura. Esta pasa dos años en barricas de 225 litros, cuatro años en inoxidable y otros cuatro en botella. Son dos vinos totalmente diferentes. Su brillante color amarillo no te indica su longevidad, pero la densidad esta presente. Al principio, los aromas de flores secas son un tanto tímidos, por lo que lo he decantado y entonces, empieza la fiesta. Fruta madura, especies, tostados, algún recuerdo estival de pelota de playa mezclado con intensos matices balsámicos. Amplio y salino en boca, te llena de sensaciones cítricas y de hierba infusionada a partes iguales. Extremadamente gastronómico y casi eterno en post gusto.

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El más especial

Era casi obligatorio dejar para el final el 200 Monges Vendimia de Invierno Esencia 2011. Este es un vino muy especial, en muchos sentidos. Lo primero porque para su elaboración se utilizan granos con botritis y pasificados de diferentes variedades, recogidos grano a grano en un proceso de selección muy cuidadoso y también, porque no decirlo, tedioso. Fermentación y crianza en barricas durante 15 meses, momento en que la fermentación se paró de manera natural y fue entonces cuando se prensó la uva para recoger el escaso mosto que permaneció tres años viviendo en barricas junto a sus lías, para después estar cinco años en botella, aunque solo se ha seleccionado una única barrica.

Su color entre dorado intenso y ámbar rosáceo ya te está dando pistas al verlo. Pero cuando cae en la copa, las pocas dudas se disipan y se muestra denso y glamuroso. En nariz es uno de esos vinos dinámicos que puedes estar oliendo durante horas e ir encontrando cosas diferentes cada vez que lo acercas a la nariz. Si hablo de miel, pasas, higos, frutos secos, orejones, fruta escarchada o en almíbar o canela, me quedaré corto ya que el abanico aromático es enorme. En boca es dulce sin ser empalagoso y la acidez le confiere un toque fresco y delicado al mismo tiempo. Es un vino emocionante.

Estos vinos que ya están en el mercado, sin duda, van a dar mucho que hablar y, las puntuaciones de las más prestigiosas guías del mundo, auguro serán altas. Como veis el blanco para el hábito en los vinos 200 Monges desprenden luz propia, ¿te animas a probarlos?

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