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El calor y el vino ¿Qué hacemos?

El calor y el vino ¿Qué hacemos?

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El calor y el vino no son un buen binomio

La alta temperatura y el vino, ¿Qué pasa? Todos sabemos que el vino es algo vivo, al cual le pueden afectar los cambios intensos de temperatura. Por ejemplo, si una botella permanece durante un tiempo prolongado a altas temperaturas, el vino que hay en su interior sufrirá sensibles cambios, lo que puede llevar que este no se reconozca. Pero, ¿Cómo podemos saber exactamente cuando el calor ambiente va a afectar a una botella de vino? A continuación nos adentramos en este tema.

Replanteemos la pregunta ¿a partir de que temperatura nos tenemos que preocupar por el estado de nuestra botella de vino? Si exponemos nuestro vino a una temperatura igual o superior a 21 grados, y si esta exposición supera las cuatro horas, corremos el riesgo de que se transforme y sufra alteraciones. Aunque se han de tener en cuenta otros factores que podrán influir.

Para que un vino cambie por causa del calor, primero hemos de ver de qué tipo de vino se trata, ya que todos no reaccionan igual. Los vinos más elaborados, soportan mejor las temperaturas extremas que los vinos más económicos, ya que estos suelen de carecer de suficiente equilibrio. También soportarán mejor este tipo de alteraciones los vinos con una gran concentración en fruta, ácidos y taninos, justamente por eso, porque le aportan equilibrio y además le protegen de los elementos mientras está en la botella.

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Sin embargo, también se ha de tener en cuenta que una botella que esté un poco tibia, no significa necesariamente que se haya estropeado, ya que ese calor le puede haber ayudado a envejecer más rápidamente. La cuestión es que, como no podríamos controlar ese envejecimiento, no estaríamos seguros de que ello mejorara el vino, es un riesgo demasiado alto.

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¿Qué hemos de deducir de todo esto? Pues sencillamente que el calor y el vino juntos son un riesgo, y que para evitarlo, mejor guardar nuestro vino a una temperatura lo más constante posible, 18 grados sería perfecto. Y para conseguir esta temperatura ideal lo mejor es guardarlo en una nevera específica para vinos, pero a falta de esta y, sin dudarlo, en la nevera de nuestra casa. Porque el vino es algo que respira y está vivo y por lo tanto en continua evolución.

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