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El rey David

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El rey David y la influencia del vino en la historia sagrada

El rey David, el vino y la historia sagrada. Incidiremos en los efectos del vino desde las múltiples referencias que se hallan en el Antiguo Testamento. Muchos de esos efectos son presentados como gratificantes, pero los perniciosos no se detienen con el mito de la maldición de Noé sobre los cananeos.

En el mismo Génesis, hallamos el también muy conocido -y objeto de muchas obras pictóricas a lo largo de la Historia del Arte-episodio de las hijas de Lot, que embriagan a su padre para mantener relaciones sexuales con él y así poder tener descendencia. En efecto, Lot, sobrino del patriarca Abraham, tenía dos hijas que no podían hallar hombres para contraer matrimonio. Esta falta se explica por los efectos de la destrucción divina de Sodoma y Gomorra, otro de esos episodios donde Dios en persona se ocupa de castigar las maldades realizadas por su propia creación, el ser humano.

Precisamente, nos dice el Deuteronomio del vino procedente de Sodoma, que era vino de serpientes. Ante esta situación, aparentemente sin salida, la hija mayor, tramó la astucia de emborrachar deliberadamente a su padre para fornicar con él, y fue imitada por su hermana menor, al día siguiente. El resultado fue óptimo en principio, ya que ambas quedaron embarazadas.

 Pero el severo narrador bíblico advierte nuevamente que, del incesto no puede sobrevenir nada bueno, y los hijos de esa unión, contra natura, serían Moab y Ben Ammí, los antecesores de moabitas y amonitas. Así, tanto los moabitas, como los amonitas, tuvieron las peores relaciones posibles con los judíos. También sufrieron la prohibición de entrar en el pueblo elegido hasta, una décima generación posterior.

Libro de Samuel

Otro episodio cargado de tensión y con el alcohol de por medio, lo encontramos en el Libro de Samuel, referido a la prole del famoso rey David. Su hijo primogénito, Amnón, hijo de su primera esposa, se encaprichó de su hermanastra Tamar y, valiéndose de una argucia –fingiéndose enfermo- la atrajo a su lecho y la violó, para luego aborrecerla y echarla literalmente a la calle. David, padre de ambos, se enojó mucho, pero, aparentemente no tomó represalias contra su heredero.

Absalón, por su parte, hermano de Tamar y por tanto medio hermano de Amnón, acogió a la víctima en su casa, pero, nos dice Samuel, “no habló con Amnón ni malo ni bueno”. Pero añade: “aunque Absalón aborrecía a Amnón, porque había forzado a Tamar, su hermana”. Absalón, en efecto, será quien perpetrará la venganza de la honra familiar perdida. Pero lo hará, como se suele decir, como un plato servido frío, y con el uso también de la astucia.

Así, dos años después de los hechos, organizará un banquete al que invita a su hermano mayor y ordenará a sus criados que le maten, “cuando el corazón de Amnón esté alegre por el vino”.

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Esta venganza desencadena una serie de hechos violentos. Los hijos de David huyeron en mula –un animal no tenido por muy noble-, pero con el tiempo David perdonaría al fratricida. Sin embargo, Absalón demostraría ser ambicioso y acabó conspirando y enfrentándose a su padre. Aunque contra el deseo expreso de David, Absalón pereció en la batalla, cuando sus cabellos, símbolo de su destacada belleza física, se enredaron en las ramas de un árbol.

Absalón, Absalón

David se lamentó con el famoso grito “¡Absalón, Absalón!” de la muerte de su hijo. Este lamento da origen al título de una de las obras fundamentales de William Faulkner, el gran cronista de la decadencia del Sur de los Estados Unidos. “Absalón, Absalón” (publicada el 1936) es una de las novelas centrales de la recreación del mítico territorio de Yoknapatawpha, y se centra en una estirpe acosada por el fantasma del pasado incógnito de su fundador. Desarrolla –con las laberínticas estructuras narrativas propias del autor- una enrevesada historia en la que la sombra del incesto y el peso del honor y, su defensa violenta, suscitan evidentes resonancias míticas, que justifican ampliamente el título y la remisión al relato bíblico.

El rey David y sus descendientes: el vino marcó su historia.

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