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El vino en las Sagradas Escrituras

El vino en las Sagradas Escrituras

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El vino en las Sagradas Escrituras, Néctar de dioses

El vino en las Sagradas Escrituras: En artículos anteriores hemos visto que el vino puede ser peligroso, puede torcer la voluntad de hombres y mujeres y puede hacer perder los sentidos, con resultados funestos. Sin embargo, el celoso narrador bíblico que explica la historia del pueblo judío y le dicta normas, a menudo muy detalladas, de comportamiento, no prohíbe en absoluto ni la cosecha de la uva, ni el comercio del mosto ni la producción e igualmente el comercio del vino. Prohibiciones absolutas, se entiende, ya que sí hallamos ejemplos de restricciones temporales u ocasionales. Así, en el Deuteronomio: No habéis comido pan ni habéis bebido vino ni sidra, para que sepáis que yo soy el Señor vuestro Dios.

Ello no obstante, son muchos los pasajes en los que podemos encontrar el vino en las Sagradas Escrituras. En el Antiguo Testamento, hay pasajes que parecen reconocer la predilección del dios de judíos y cristianos por esta bebida. Y una buena motivación debe ser sin duda que el mosto, más que su derivado alcohólico, era gravado con los impuestos que mantenían las instituciones religiosas, las que no en vano aseguraban el estricto cumplimiento de las leyes divinas. Así que, lo encontramos en numerosos versículos de libros como el citado Deuteronomio o el de Nehemías. Éste último nos dice, por ejemplo: También traeremos las primicias de nuestra harina y nuestras ofrendas del fruto de todo árbol, del mosto y del aceite para los sacerdotes a las cámaras de la casa de nuestro Dios, y el diezmo de nuestro suelo a los levitas, porque los levitas son los que reciben los diezmos en todas las ciudades donde trabajamos.

Leyes Divinas

El libro del Deuteronomio, para reforzar esas estrictas y puntillosas referencias normativas que prescriben los actos cotidianos del pueblo, parece asociar el consumo del vino a las falsas creencias, obviamente contrapuestas a las de la religión del Dios que considera verdadero: Dirá El entonces: ¿Dónde están sus dioses, la roca en que buscaban refugio, los que comían la grosura de sus sacrificios, y bebían el vino de su libación? ¡Que se levanten y os ayuden! ¡Que sean ellos vuestro refugio! Sin embargo, también vemos que el mosto es la recompensa de una vida justa, esto es, que se adecua a las normas dictadas por los servidores de Dios: Y sucederá que si obedecéis mis mandamientos que os ordeno hoy, de amar al Señor vuestro Dios y de servirle con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, El dará a vuestra tierra la lluvia a su tiempo, lluvia temprana y lluvia tardía, para que recojas tu grano, tu mosto y tu aceite.

No siempre topamos en el Antiguo Testamento con este lenguaje severo, prescriptivo, o con la sobriedad descriptiva que veíamos en las narraciones de cariz mítico en anteriores artículos. Parte del encanto y perenne atracción de su texto radica en pasajes de elevado contenido lírico y de gran profundidad espiritual. El vino en las Sagradas Escrituras, dentro del mismísimo Génesis, por ejemplo, hallamos este pasaje que forma parte de las llamadas profecías de Jacob sobre sus hijos: Atando a la vid su pollino,y a la cepa el hijo de su asna, lavó en el vino su vestido, y en la sangre de uvas su manto. Sus ojos, rojos del vino, y sus dientes blancos de la leche.

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También hay poesía

En los libros de los profetas, precisamente, hallamos incontables versículos de honda riqueza poética, de tintes dramáticamente espectaculares, destinados a alertar a los hombres sobre la relevancia de los hechos que la lucidez del profeta le hace ver de forma premonitoria. Pero pondremos solo una breve muestra, del libro de Joel: Y sucederá que en aquel día los montes destilarán vino dulce, las colinas manarán leche, y por todos los arroyos de Judá correrán las aguas; brotará un manantial de la casa del Señor y regará el valle de Sitim. Y este conocido versículo de Job, como ejemplo de densidad lírica imperecedera: He aquí, mi vientre es como vino sin respiradero, está a punto de reventar como odres nuevos.

En el libro de los Salmos también podemos recoger auténticas perlas que nos hablan de la calidad del redactor bíblico como poeta. Con otra breve muestra de ella, acabamos este breve repaso por el Antiguo Testamento: El hace brotar la hierba para el ganado, y las plantas para el servicio del hombre, para que él saque alimento de la tierra, y vino que alegra el corazón del hombre, para que haga brillar con aceite su rostro, y alimento que fortalece el corazón del hombre. Las Sagradas Escrituras nos sirven de testimonio de la real antigüedad del vino en relación con el hombre.

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