Estás Leyendo
El vino y el sexo entre los romanos

El vino y el sexo entre los romanos

El vino y el sexo omnipresente en la cultura romana | Wine & Grapes News

El vino y el sexo son omnipresentes en esta civilización

Vino y sexo, unidos desde siempre. En nuestro anterior artículo tratamos de cómo los escritores latinos ensalzaron las cualidades del vino para beneficiar el mismo oficio literario. Lógicamente también habían de abordar la relación del vino y el juego amoroso, omnipresente que en toda la civilización romana (basta ver las pinturas de Pompeya que nos han llegado preservadas bajo la lava hasta nuestros días).

Propercio, aunque en algunos de sus escritos previno contra los efectos del vino sobre la relación entre los amantes, que el beber en demasía podía tornar violenta, también es autor de sugerentes y picantes pasajes como este:

“Hay una tal Fílide, vecina de Diana Aventina: sobria es poco agradable, bebida todo le sienta bien; hay otra, Teya, en los bosques de Tarpeya, hermosa, pero, si bebe, no tendrá bastante con uno. Decidí llamarlas para pasar bien la noche y renovar amores furtivos en placeres desconocidos. Sólo había un pequeño lecho para los tres en un rincón apartado del jardín; ¿preguntas por mi puesto? Me puse entre las dos. Lígdamo se encargó de las copas, vajilla de verano de vidrio y aromático vino griego de Metimna.”

Su amigo Ovidio, uno de los poetas latinos más afamados, y reconocido como el máximo preceptor en temas amorosos, dio este consejo a la mujer casada: “Pídele a tu marido continuamente que beba, pero no acompañes con besos tus súplicas, y mientras bebe, a escondidas, añádele vino puro si puedes. Cuando, bien cargado de sueño y de alcohol, se quede dormido, el momento y el lugar nos dirán qué debemos hacer.”

Fuente: Cuadro Sacrificio a Baco de Massimo Stanzione

Remedios de amor

Sin embargo, Ovidio también previno contra los efectos del exceso en el consumo del vino, pero curiosamente también contra el consumo moderado para estos menesteres.

Así nos dejó su consejo en su celebrado “Remedios de amor”: “¿Me preguntas qué consejo te doy sobre el don de Baco?, contarás con mis consejos en menos tiempo de lo que esperas. El vino predispone el espíritu para Venus, siempre que no lo tomes en gran cantidad, de forma que te deje atontado el cerebro, ahogado por el mucho alcohol. El fuego se aviva con el viento y con el viento se apaga; una ligera brisa alimenta las llamas, otra un poco más fuerte acaba con ellas. O ninguna embriaguez, o que sea tanta que te libre de preocupaciones: si está en medio de ambos extremos, es perjudicial”. Al parecer, pues, en las cuestiones relativas al sexo la moderación no es recomendable, no hay término medio en la dosificación del vino para mantener vivo el fuego entre los amantes.

El arte de amar

No obstante, en una de sus obras más conocidas, “El arte de amar”, advierte al partícipe en una bacanal del riesgo de que, el consumo desmedido del vino, lleve al hombre en situación penosa, si el azar, le sitúa al lado de una mujer deseable: “Así que, cuando te sirvan los dones de Baco, puesto sobre la mesa, y te toque como compañera en el lecho contiguo una mujer, suplica al padre Nictelio y a los ritos sagrados de la noche que no permitan que el vino te haga perder la cabeza.”

Metamorfosis

Este Nictelio aparece mencionado per el mismo Ovidio como uno de los muchos nombres que entre los griegos se da a Líber, la deidad del vino y la viticultura. Lo encontramos así en sus “Metamorfosis”, su obra magna, en el pasaje dedicado a las Mineidas las mujeres que por negarse a participar en una de las fiestas del dios Dioniso fueron castigadas con un apetito desmesurado que sólo pudieron satisfacer cayendo en el canibalismo.

Ver También
Most 2021, mujer con vestido rojo, copa de vino tinto, pastel y teléfono | Wine & Grapes News

El culto a Dioniso se extendió del mundo griego al romano como culto a Baco, de donde el nombre de bacanal, y el de bacantes para las participantes femeninas. Si en principio, de hecho, estaba restringido a las mujeres, acabó siendo una fiesta donde acudían también los hombres. A los rituales orgiásticos se añadirían, al parecer, todo tipo de conspiraciones y actos criminales. O al menos eso es lo que adujo el Senado para prohibirlos en el 186 aC, excepto en contadas ocasiones que debía autorizar él mismo.

A pesar de ello, se sabe que esta legendaria fiesta sinónima de los mayores excesos del hombre –y la mujer- pervivió, y de hecho encontramos su huella en los modernos carnavales.

Y es que, como dijo Plauto en su comedia “Báquides” (la cual protagonizan dos gemelas así llamadas por sus padres al parecer por ser muy adeptos al culto a Baco): “Nada puede haber más cautivador para un joven que la noche, la mujer y el vino”.

Por eso no puede sorprendernos que vino y sexo hayan ido de la mano, entre los romanos, y entre tantas civilizaciones, incluida la nuestra.

Ver Comentarios

Deja una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.