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Entre copas con Anna Vicens

Entre copas con Anna Vicens

Entre copas con Anna Vicens, primer plano con copa vino tinto | Wine & Grapes News

Entre copas con Anna Vicens, Presidenta de la Associació Catalana de Sommeliers

Entre copas con Anna Vicens. De nuevo, con la mirada puesta a través del cristal de una copa, hoy entrevisto a una de las mujeres más importantes y respetadas en el mundo del vino. Sus palabras están llenas de autenticidad y la serenidad de su mirada te llega al alma. Con vosotros, Anna Vicens.

Con más de veinte años a la espalda en la profesión de sommelier y nacida en Girona, Anna es una de las mujeres con las que he tenido el honor y el placer de coincidir en la directiva de la Associació Catalana de Sommeliers durante algunos años. Una mujer que desprende humildad, conocimiento, preparación, prudencia y una de las muchas cosas que admiro de ella: su templanza. Desde 2016 y, renovando cargo, es la Presidenta de dicha asociación y, compagina este trabajo totalmente altruista, con la supervisión como Head Sommelier en la cadena de tiendas Wine Palace. Es defensora a ultranza de la sumillería como profesión multidisciplinar y no solo asociada al servicio de sala de un restaurante.

Además de la formación que más adelante conoceremos, tiene un Master en Enología, Viticultura y Marketing del Vino. Escribe en diversos medios de comunicación y es jurado nacional e internacional en concursos tan prestigiosos como el Concours Mondial de Bruxelles o Les Granaches du Monde, entre otros. Formación especializada en vinos de Cava o Jerez, entre otros, tiene especialmente desarrollados los sentidos en la cata y su criterio es uno de los más valorados entre muchos profesionales del sector.

La sumiller ¿nace o se hace?

Si solo con práctica pudiésemos conseguir un nivel de excelencia en una actividad, podríamos ser extraordinarios en lo que deseáramos. Creo que la suma de los factores genéticos junto con la educación, la formación y los estímulos ambientales, además de que nos apasione lo que hacemos, es el motivo por el que existen personas con condiciones excepcionales para ser sumilleres. No solo se trata de tener un buen olfato y de saber mover la copa, implica mucho entrenamiento y estudio, tanto de la parte teórica como en la de la práctica. Además de otras características como la empatía, la discreción, la amabilidad y la humildad, tan necesarias en esta profesión.

¿Cómo llega tu inquietud por el vino?

La verdad es que no recuerdo el cómo, pero si el cuándo y el con quién. Al terminar mis estudios de comunicación y RRPP, con 19 años, entré a trabajar en una bodega donde tuve la inmensa suerte de coincidir con el gran Josep Lluís Pérez Verdú, el padre de Sara Pérez. Cuando lo veía me contaba cómo estaba cambiando el Priorat y lo que estaban haciendo para que la gente joven no abandonara los viñedos. Era la época en la que estaban cambiando las cosas en el Priorat. Me enganché a él como una lapa, y aprendí todo lo que pude a su lado: vendimias, vinificaciones, crianzas… pero lo que más me atrapó fue su pasión por la tierra y por los viñedos. Él me enseñó a observarla, a entenderla y a respetarla.

¿Cuándo y dónde empezaste a estudiar?

Fue él quien me habló de la sumillería y de lo que era. Y gracias a él, en el trabajo me permitieron bajar un par de días a la semana a Barcelona a estudiar el curso de sumillería. Antes era la Escuela de Hostelería y Restauración de Barcelona, calle Aragón esquina con Muntaner, lo que hoy es ESHOB que, de hecho, era la única que había en toda Cataluña. Era el año 1995, y tan solo éramos seis alumnos en clase.

¿Has ejercido en algún restaurante?

Me hice sumiller para poder explicar el proceso del vino, y ser capaz de dirigir las catas que ofrecíamos a los clientes de la bodega. Así pues, también he abierto un montón de botellas y servido un montón de copas, así como lavarlas, secarlas y guardarlas, y también he elaborado un sinfín de maridajes… pero siempre en la bodega.

Los maridajes ¿emocionan o complican?

Deberían emocionar, no complicar. Deberían descubrir, no aburrir. Deberían enseñar, no instruir. Deberían ser cercanos y adaptados a cada mesa y/o a cada comensal.

La profesión de sumiller ¿está infravalorada o sobrevalorada?

Es un oficio que a primera vista puede parecer muy glamuroso, pero detrás hay mucho esfuerzo, dedicación y estudio, y muchas veces horarios maratonianos. La sumillería hoy ofrece distintas oportunidades, ya no sólo la figura del sumiller está en la restauración, sino que se necesitan sumilleres en formación, en distribución, en tiendas especializadas, en asesoramiento, en comunicación… en muchos ámbitos.

¿Tenemos buena formación en España o el temario está un poco demodé?

Son estudios que deberían ir adaptándose a las nuevas realidades, como todos los estudios. Sin embargo, la base sigue siendo un poco clásica, igual que los concursos de sumillería. Alguien dijo una vez, la sala necesita una revolución. Lo que creo es que los estudios de sumillería, aparte de que necesitan ser reglados, les falta esa parte de revolución. Sin embargo, a la profesión, de una u otra forma ya se la estamos dando.

¿Te sigues encontrando con el típico “machito” que no equipara?

Sobre todo, cuando fui escogida como presidenta de la asociación. Nunca había pasado que una mujer ocupara ese cargo y es difícil romper los esquemas mentales de algunas personas. Y ya se sabe, las mujeres tenemos que trabajar el doble para que se nos valore y se reconozca lo que hacemos.

El mundo del vino ¿sigue siendo cosa de hombres?

En las últimas décadas las mujeres nos hemos ido posicionando en el sector, esa es una de las revoluciones a la que antes hacía referencia. El vino ha sido un elemento muy importante en mi vida, y todo lo que le rodea, por eso nunca lo he visto como una cosa exclusiva de hombres, ni me lo he planteado jamás así, aunque he tenido que librar muchas batallas internas.

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Tu variedad preferida

No soy de variedades, soy de viñedos. Prefiero cepas sanas, felices y robustas, y con mucha vegetación y fauna a su alrededor, a las que han plantado por modas, tendencias o porque toca.

Tu vino preferido

El que se explica con la emoción. El que nos ponemos en la boca y decimos “wow”, y sin querer miramos la etiqueta y queremos saber más.

Y si fueras un vino ¿Cuál serias?

Una Pinot Noir natural, un vino tinto, afrutado pero discreto. Un vino amable y disfrutón. Un vino sutil, vivo y fresco. Un vino sensible, pero con personalidad. Expresivo cuando se oxigena, y con alta capacidad de resistencia.

Tu sumiller preferida

Mi compañera del curso de sumiller, Rosa Mª Vila. Con ella hemos visitado bodegas, asistido a ferias y bebido vinos a doquier. Tenemos anécdotas para llenar una bullipedia entera. Me ha enseñado a no tener miedo, a tener confianza en mí misma y a reírme de la vida.

Ha sido un placer hacer este entre copas con Anna Vicens. Gracias Anna, por ser tu.

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