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La Calma, parcela única

La Calma, parcela única

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La Calma es un vino con un color dorado brillante que hipnotiza

La calma y el sosiego, muy importantes en nuestra vida. Podríamos hacer un juego de palabras y decir que “después de la tempestad, llega La Calma” pero nuestro vino protagonista de hoy, estaba antes, y estará después.

Es una experiencia única visitar la bodega Can Rafols dels Caus. Está situada en el Penedés, concretamente, en el Macizo del Garraf. Es un paisaje original y único en toda Cataluña, por ello, los vinos de Carlos Esteva, lejos de estar entre muchos otros de Penedés, se distinguen por su singularidad y su impronta.

El proyecto nace en 1979 cuando Carlos decide ir a vivir a la finca de su abuelo. La existencia de esta finca se remonta al año 992, aunque la primera mención a la familia Caus es en 1478. Se entremezclan épocas que rememoran a los fenicios, romanos y su paso por estas montañas y elementos arquitectónicos, como una torre fortificada de defensa o una capilla, que han ido ampliándose a lo largo de los años y que hoy conforman un conjunto que es difícil de olvidar para los que hemos tenido el privilegio de visitar y vivir.

El Garraf, ese gran desconocido

La extensión de la finca daría para elaborar muchos más hectolitros de vino, pero, lejos de apostar por la cantidad, es uno de los pocos de esta época, que la reduce. Y apuesta por microvinificaciones, por trabajar por parcelas, por investigar y por diferenciarse en el terruño, el respeto al entorno, la búsqueda de la excelencia llevando a sus vinos a lo más alto.

Toma el testigo de esta carrera hacia el éxito, la directora de la bodega, mi querida Rosa María Aguado, que define el Garraf como un gran desconocido. De belleza austera y con suelos poco profundos y que, hacen trabajar tanto a las raíces de las cepas confiriendo esos aromas tan peculiares a los vinos de Can Rafols del Caus. La brisa, esa “marinada” que da frescor y que interviene en la maduración de la uva. Innovar, arriesgar, trabajo ecológico. Diferencia en añadas. Factores para tener en cuenta en el resultado de sus vinos.

Y podría estar “muchas líneas hablando” de este enorme proyecto, de lo intrépido del mismo y que la gente empezó a conocer porque eran esos locos que hacían un rosado tan diferente como el Gran Caus. Quizás, un largo preámbulo para hablar de un vino único y que se encuentra entre mis blancos favoritos: La Calma.

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Chenin blanc

En el año 1982, Carlos Esteva, tuvo la rompedora idea de recuperar una parcela abandonada plantando cepas de una variedad prácticamente inexplorada en el panorama vitivinícola de España, la chenin blanc. El fino carácter de esta uva y unos suelos blancos, calizos y ricos en fósiles marinos resultó extraordinario, dando lugar a La Calma, que redondea su perfil, fermentándose y criándose en barricas de roble francés de 500, litros durante 4-5 meses, y crianza en botella durante 24 meses más, antes de ver la luz del mercado.

Cuando cae en la copa, su color dorado empieza a hipnotizarte, limpio y brillante. En nariz combina el albaricoque con recuerdos de hierbas de monte y flores. Es muy sutil y delicado. En la boca se vuelve voluptuoso con una buena entrada y acidez equilibrada que acaba en un paso untuoso y de largo final. Necesitas imperiosamente seguir bebiéndolo. Eso sí. Con toda La Calma.

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