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La Celestina y el vino

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La Celestina y el vino, corazón | Wine & Grapes News

La Celestina y el vino, o el elogio del mismo en la Tragicomedia de Calixto y Melibea

La Celestina y el vino, nuestro tema central de hoy. Nos quedábamos en nuestro último artículo en las luces y las sombras de la literatura que, en el siglo XV cobra inusitados impulsos gracias a la aparición de la imprenta. Ya en sus postrimerías se publicó una de las grandes obras de la literatura castellana, la “Tragicomedia de Calixto y Melibea”, más conocida como “La Celestina”, del llamado bachiller Fernando de Rojas, si bien la autoría es discutida.

Obra de género híbrido entre comedia y drama, se puede considerar una novela. Hay quien habla incluso de género propio, el celestinesco. Si bien refleja el mundo de final del siglo XV y sería escrita en esos años, su gran popularidad nació en el siglo siguiente, y ha llegado hasta nuestros días intacta. Y ello, a pesar de que llegó a ser prohibida a finales del siglo XVIII, después de largas décadas de estar en el ojo del censor inquisitorial.

No es de extrañar que así fuera, por su argumento y su lenguaje descarnados. Y no es de extrañar que reflejara, por tanto, el gusto por el vino. El elogio a nuestro objeto central de estudio, que forma parte de la obra, es uno de los que con justicia se puede considerar más universales.

Lo pronuncia el mismo personaje central de la célebre alcahueta, en su “mancebía”, ante dos jóvenes a los que astutamente desviará, con su exaltación de los placeres, del propósito que les conduce a su casa. Este no es otro que reclamarle el cobro de una parte en las ganancias del oficio de alcahueta de Celestina.

El texto, en versión actualizada, dice:

Después que me fui haciendo vieja, no sé mejor oficio a la mesa que escanciar, porque quien la miel trata siempre se le pega de ella. Pues de noche, en invierno, no hay tal escalentador de cama. Que con dos jarrillos de éstos que beba, cuando me quiero acostar, no siento frío en toda la noche. De esto ahorro todos mis vestidos cuando viene la Navidad; esto me calienta la sangre; esto me sostiene contino en un ser; esto me hace andar siempre alegre; esto me para fresca; de esto vea yo sobrado en casa, que nunca temeré el mal año, que un cortezón de pan ratonado me basta para tres días. Esto quita la tristeza del corazón más que el oro ni el coral; esto da esfuerzo al mozo y al viejo fuerza; pone color al descolorido; coraje al cobarde; al flojo diligencia; conforta los celebros; saca el frío del estómago; quita el hedor del anhélito; hace potentes los fríos; hace sufrir los afanes de las labranzas; a los cansados segadores hace sudar toda agua mala; sana el romadizo y las muelas; sostiene sin heder en la mar, lo cual no hace el agua.

Más propiedades te diría de ello que todos tenéis cabellos. Así que no sé quién no se goce en mentarlo. No tiene sino una tacha, que lo bueno vale caro y lo malo hace daño. Así que, con lo que sana el hígado, enferma la bolsa. Pero todavía con mi fatiga busco lo mejor para eso poco que bebo, una sola docena de veces a cada comida. No me harán pasar de allí salvo si no soy convidada como ahora.

Tradición literaria

Aunque cabe señalar que no existe una tradición de comedia semejante a la Celestina en la literatura castellana, ésta no es una obra aislada, sino que se encuentra dentro de una tradición literaria que a su vez se vería influida por el éxito espectacular de esta novela o comedia. Ya en tiempos contemporáneos a sus primeras ediciones, encontramos ejemplares comentados que han servido para extraer algunas de las numerosas referencias a otros autores que se encuentran en el texto -lo cual ha llevado a muchos estudiosos a dudar de la autoría del bachiller Fernando de Rojas-.

Es aceptada la influencia de Petrarca, pasajes del cual cita en más de una ocasión la obra, en especial su tratado “De remediis utriusque fortunae “(De los remedios contra próspera y adversa fortuna).

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“En la lucha contra la ebriedad sólo puede triunfar la moderación”

Escrita en latín, el gran poeta de Arezzo hace una exaltación de la vida monástica y advierte que en la lucha contra la ebriedad sólo puede triunfar la moderación. También se ha citado la influencia de otro de los grandes padres de la literatura italiana, Boccaccio, pero también de autores latinos como Séneca. Es a través de tales influencias que se puede defender la tesis de la condición didáctica, moral, de la obra, a modo de prevención contra los males del amor cortés o del amor desatado -Calixto y Melibea, los protagonistas, no se dirigen ni piensan siquiera en el matrimonio-, contra la corrupción del poder, y la depravación del submundo que describe la obra en el entorno de la “mancebía”.

Así al menos procura orientar su lectura la misma introducción de la edición de la Tragicomedia: co(m)puesto en reprehensión de los locos enamorados: q(ue) vencidos en su desordenado apetito a sus amigas llaman & dizen ser su Dios. Assi mismo fecho en auiso d(e) los engaños d(e) las alcahuetas & malos & lisonjeros sirvie(n)tes.

De toda manera, esta misma descripción nos presenta un mundo que ha dejado atrás definitivamente la Edad Media, en que los nobles ya no hacen oficio de armas y lo sirvientes han pasado a ser de siervos a asalariados. Espero que os haya gustado la Celestina y el vino. En sucesivas entregas seguiremos analizando los caminos que traza el vino en la nueva edad de la que darán, por supuesto, testimonio las mejores obras literarias.

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