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La poesía goliardesca

La poesía goliardesca

La poesía goliardesca glosa a la vida y a su goce | Wine & Grapes News

La poesía goliardesca: la celebración del vino y de la vida

La poesía goliardesca. Acabábamos nuestro anterior artículo, “Vino y cantares de gesta”, apuntando a una interesante línea literaria que nos hace desembocar en las sociedades, progresivamente más urbanas, de lo que hemos dado en llamar la Alta Edad Media, en pleno siglo XIII. Se trata de la llamada literatura goliardesca que, si bien puede interpretarse como una línea más de la tradición juglaresca que hemos venido examinado en los últimos artículos, tiene un interés muy especial por dos motivos: por la propia figura del poeta o rapsoda que la difunde, y especialmente por su temática.

La figura del goliardo, palabra de raíz controvertida, sería en efecto un poeta o juglar, como éste, de vida errante, pero, en la mayoría de los casos al menos, procedente del clero, o estudiante de escuelas eclesiásticas tal vez, que de hecho vivía una vida errante, pero haciendo uso aún de los distintivos (hábito, tonsura) de los monjes. Ya fuera sólo el narrador o también el poeta, divulgaría unos verdaderos cantos a la vida y al goce de la misma y de sus placeres carnales que llaman la atención en el seno de un mundo aún feudal.

Fuente: Elisa Calvet

Los sopistas en la poesía goliardesca

Aunque se habla de autores concretos, como Pedro Abelardo, los cantos o poemas que debían circular en esos albores del siglo XII y XIII, serían en su mayoría anónimos, atribuidos a un tal Golías o Goliath, del cual derivaría el nombre de los poetas vagabundos que vivían de lo que recaudaban en sus actuaciones, a menudo un simple plato de sopa -en Castilla se les conocía como sopistas-. Pero probablemente arrancan de una tradición muy anterior, como toda la literatura que estamos analizando al hablar de este período. Ya en el concilio de Nicea, en el siglo IV, se condenaba a ciertos clérigos de vida licenciosa que podrían ser el precedente de estos goliardos. De hecho, fueron marginados y repetidamente perseguidos, pero se mantuvieron, amparados en su audacia, en su libertad profana y no descuidaron el uso de la sátira más feroz, o de la parodia.

La poesía goliardesca glosa a la vida y a su goce| Wine & Grapes News
Fuente: Gianluca Carenza

Camina Burana

Se conservan, no obstante, pocas muestras de esa literatura, y quizás se habría hundido en los ecos de la leyenda, de no ser por el descubrimiento a principios del siglo XIX, por parte del historiador alemán Johann Christoph von Aretin, de los manuscritos que han pasado a la historia como los Carmina Burana, por hallarse en un monasterio de la villa alemana conocida como Bura en su nombre latino. Esta compilación de más de 200 poemas, de muy diverso estilo y escrito en latín, alemán y francés antiguo -o la mezcla de las tres lenguas-, recoge todas las temáticas típicas de la literatura goliardesca. Se divide en diversas secciones, y una de ellas se dedica a las canciones de bebida. Es célebre el inicio, tras la llamada o captatio que nos sitúa precisamente en una taberna, donde se dan hasta 15 brindis:

Bebe la señora, bebe el señor,
bebe el soldado, bebe el cura,
bebe el hombre, bebe la mujer,
bebe el siervo con la criada,
bebe el rápido, bebe el lento,
bebe el blanco, bebe el negro,
bebe el perseverante, bebe el vago,
bebe el ignorante, bebe el sabio.
 
Bebe el pobre y el desvalido,
bebe el desterrado y el desconocido,
bebe el muchacho, bebe el anciano,
bebe el presidente y el decano,
bebe la hermana, bebe el hermano,
bebe el viejo, bebe la madre,
bebe éste, bebe aquél,
beben cientos, beben miles.

Los “Carmina Burana” llegarían a la fama con la versión musical extraordinaria de Carl Orff, presentada en 1937, una de las grandes joyas de la música del siglo pasado.

Denuestos del agua y el vino

Aunque probablemente esta literatura no enraizaría en la más sobria literatura castellana, nos ha dejado ésta otra muestra escrita, que bien puede adherirse a esta tradición. Si bien es discutido que su lenguaje sea el castellano, y también hay que atribuirlo, al menos en parte, a la lengua aragonesa.  Es el largo poema “Denuestos del agua y del vino”, seguramente de principios del siglo XIII, pero también descubierto en el siglo XIX, casi en sus postrimerías, por un hispanista francés.

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Se halla dividido en dos partes, bastante diferenciadas. La primera, conocida como “Razón de amor” está narrada en primera persona, y es una narración de un fantástico encuentro del poeta con una doncella que se le aparece al beber de un vaso de agua mágica que encuentra al lado de uno de vino. Tras diversos azares, aparece una paloma que vierte el agua en el vaso de vino, lo que puede interpretarse como la perfecta síntesis entre el amor espiritual y el carnal.

La segunda parte nos remite a la tradición de la época de la literatura de debate, y enfrenta los argumentos a favor de beber agua con los favorables al vino. Aquí los argumentos a favor del vino, muy astutamente, se apoyan en su sentido religioso, al ser la materialización de la sangre de Cristo según los Evangelios.

Fuente: Sixteen Miles

Cita bíblica

Como en el final de los “Carmina Burana”, que se apoya en una cita bíblica para advertir a los críticos que no juzguen a los bebedores, las razones de los poetas sabían esquivar hábilmente los reproches del alto clero y los poderes dominantes, tal y como muestra la poesía goliardesca. Y dejaron una tradición que no desaparecería con ellos, como veremos en próximos artículos donde seguiremos el rastro de la poesía goliardesca y su canto a los placeres mundanos, y, cómo no, los del vino entre ellos, en los siglos posteriores.

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