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Los maridajes geográficos

Los maridajes geográficos

Los maridajes geográficos han estado y estarán siempre | Wine & Grapes News

Los maridajes geográficos, sin pensar asociamos determinados alimentos con determinado lugares

Los maridajes geográficos. Es más que probable que una de las primeras asociaciones entre bebida y comida hayan nacido por la coincidencia geográfica de los productos. Veamos algunas de esas armonías que aún siguen en vigor.

No estamos hablando de hace dos días. Nos remontamos a la antigua Roma y a la antigua Grecia, donde las mejores viandas y mejores vinos llenaban las mesas de los aristócratas pudientes, y la asociación entre la comida y la bebida era inevitable. Pero probablemente, fuese en la Edad Media y, en Europa, donde se empezaron a nombrar en escritos los maridajes geográficos.

Vino y queso

Quizás, el vino y el queso fueron esos pioneros del maridaje y, aunque en ciertas ocasiones no existía tal maridaje, sino que se bebían y comían juntos, pero en realidad estaban muy separados, también es cierto que algunos funcionaban y funcionan en la actualidad. Os pondremos algunos ejemplos entre quesos y vinos de la misma zona geográfica: el queso de cabra Crottin de Chavignol, con el sauvignon blanc de Sancerre; el típico curado de oveja, con tinto de monastrell de La Mancha o el queso azul con el semillón dulce de Sauternes. La armonía de quesos y vinos es de lo más ecléctica y, se sale de los mapas.

Uno de esos maridajes de libro y que, curiosamente, hay mucha gente que aún no ha probado, es el jamón con un vino de Jerez. Andalucía en estado puro. Y sigue habiendo gente que pone cara rara si no le sirves un rioja con uno de bellota. Cuestión de gustos.

Hablar de Galicia es hablar de mariscos, crustáceos y pescados con albariño. Claro que la treixadura también iría bien. El queso de tetilla ha sido mucho tiempo compañero del ribeiro. Para el pote, que tiene mucha “chicha” pues una mencía o una merenzao.

Muy cerquita, en Euskadi, el chuletón de vaca vasca bien gordo con un tempranillo de Álava. La merluza con txacolí y el marmitako, blanco, tinto o sidra.

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Tanto si nos comemos una exqueixada, como unos calçots, un trinxat o un conejo con setas y caracoles, el espumoso, por su versatilidad, será un buen amigo de la gastronomía catalana.

Podríamos seguir con otros un poco más internacionales. El sushi con el sake. Los tacos con tequila. Los frankfurtcon cerveza. La pizza con nebiolo. El caviar con vodka. Y para los “guiris”, la paella con sangría.

¿Todos ellos funcionan? Pues no siempre. Pero lo cierto es que los maridajes geográficos están ahí desde siempre y, me da a mí, que se van a quedar, también para siempre.

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