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El Quijote y el vino

El Quijote y el vino

Nos adentrábamos en nuestro anterior artículo en el siglo XVI de la literatura española. Hacíamos pie ya en el XVII, es decir, en lo que se ha llamado la Edad de Oro de esta literatura. Nos centrábamos en los claroscuros de la época reflejados en la novela picaresca. Y ya mencionábamos las aproximaciones a este tipo de novela de uno de los genios universales más prominentes de la historia de la literatura. Nos referimos, obviamente, a Miguel de Cervantes Saavedra.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

Nacido en Alcalá de Henares en 1547, y fallecido en Madrid el 22 de abril de 1616, es contemporáneo de otro (el otro, quizás) gran genio de la literatura, William Shakespeare. Al cual habremos sin duda de referirnos en otro artículo. En este nos ceñiremos a la obra que ha hecho de Cervantes el autor celebrado en todo el mundo y en todos los idiomas que es hoy. Por supuesto, hablamos del Quijote, publicado como “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”. Publicado en primer lugar el 1605, y con una segunda parte diez años más tarde, ya muy cerca de la muerte del autor mismo, que había despedido a su personaje con su emocionante muerte que le permite recuperar la lucidez.

Este personaje, que ha pasado a la dimensión de arquetipo, por encarnar unos valores caducos que le hacen caer en continuo ridículo, fue paradójicamente creciendo en su dimensión moral por su nobleza -en el sentido mejor de esta palabra- ingenua e incorruptible. Sus ojos ilusos e  inocentes permiten a Cervantes retratar la miseria humana que le rodea, y es ahí donde se hace gigante Alonso Quijano, el hidalgo que vive en un país ficticio y choca continuamente con el real. 

¿Quijote bebía vino?

No hay ninguna escena que nos describa al Quijote bebiendo vino, ya que no juzga esta bebida propia del caballero andante. Pero naturalmente el vino no deja de aparecer en el libro. La contrafigura del Quijote, el labriego reclutado como escudero, Sancho Panza, que encarna el apego a los bienes materiales, sí que es buen consumidor de vino, como el general de la sociedad que rodea a la singular pareja. Así, se dice en un pasaje que «… sucedenióles otra desgracia, que Sancho tuvo por la peor de todas, y fue que no tenían vino para beber».

Hasta 43 menciones al vino se han contado en la obra. Una de las escenas más famosas es la del ataque el caballero a unos odres colmados de vino a los que toma por gigantes, en la venta donde pernocta. Así cuenta el narrador: “Que me maten –dijo a esta sazón el ventero- si don Quijote o don diablo, no ha dado alguna cuchillada en alguno de los cueros de vino tinto que a su cabecera estaban llenos, y el vino derramado debe ser lo que le parece sangre a este buen hombre.” En efecto,  “… había dado tantas cuchilladas en los cueros, creyendo que se las daba en el gigante, que todo el aposento estaba lleno de vino”.

Comida y vino

Otro de los apuntes sobre el vino se da en una de esas escenas caracteríticas de la literatura de ánimo satírico, la de los grandes agasajos bien servidos con abundancia de comida y, por supuesto, de vino. Se trata de las bodas del rico Camacho, ya en la segunda parte, donde entre una descripción de viandas tras las cuales se le van los ojos a Sancho, se cita: “Contó Sancho más de sesenta zaques (odres) de más de a dos arrobas cada uno, y todos llenos, según después pareció, de generosos vinos…”.

Justo en el momento anterior a acudir a las bodas, el hidalgo monologa ante Sancho durmiente y se  lamenta: “Duerme el criado, y está velando el señor, pensando cómo le ha de sustentar, mejorar y hacer mercedes“. Sancho despierta e imagina los manjares que les pueden esperar, a juzgar por el olor a cocina que les llega,  a lo que le manda Don Quijote  callar para centrase en el motivo que le induce a presentarse en la boda, el de otra de sus nobles causas, cual es la de auxiliar al enamorado Quiterio. Sancho replica: “Sobre un buen tiro de barra o sobre una gentil treta de espada no dan un cuartillo de vino en la taberna. Habilidades y gracias que no son vendibles”.

Condenando el abuso del vino

Con todo, la condena de Cervantes -i el propio Quijote- al consumo de vino está lejos de ser absoluta. Así, cuando Sancho alcanza su sueño de convertirse en gobernador y él mismo es víctima de sus fantasías, en la imaginada Ínsula Barataria, Don Quijote le aconseja: “Sé templado en el beber, considerando que el vino demasiado ni guarda secreto, ni cumple palabra”. Se alinea así con la larguísima tradición literaria de condenar el abuso y no el uso del vino.

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El mismo Sancho, en el castillo de los duques que acogen a la pareja para procurarse una diversión a su costa, le lanza a la duquesa uno de los más sorprendentes y originales elogios del vino: «En verdad, señora – respondió Sancho -, que en mi vida he bebido de malicia; con sed bien podría, ser, porque no tengo nada de hipócrita; bebo cuando tenga gana, y cuando me lo dan, por no parecer o melindroso o mal criado; que a un brindis de un amigo, ¿qué corazón ha de haber tan de mármol, que no haga la razón? Pero aunque las calzo, no las ensucio; cuanto más que los caballeros andantes casi de ordinario beben agua, porque siempre andan por florestas, salvas y prados, montañas y risco, sin hallar una misericordia de vino, si dan por ella un ojo». 

Aquí no se trata tanto de moderación por convencimiento como de pura necesidad. 

Y así concluímos nuestro breve repaso a una de las mayores joyas de la literatura de todos los tiempos, y a la relación del Quijote con el vino.

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