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Sátira y el placer del vino

Sátira y el placer del vino

Sátira y el placer del vino, imagen página libro | Wine & Grapes News

Sátira y el placer del vino, nacimiento de la novela satírica

La sátira y el placer del vino. Nos quedábamos en nuestro anterior artículo La Celestina y el vino, a las puertas del siglo XVI, siglo de importantes cambios en la cultura occidental. Es decir, la de esta parte del planeta que ve consolidarse las monarquías que erigen las estructuras de los estados modernos, y que, a través de la aventura de Cristóbal Colón, se expandirán hacia nuevas tierras, la que se llamaría América, y a otras zonas del mundo en lo que justamente se vendría a conocer como proceso colonizador.

El Satiricón: la sátira y el placer del vino

En estas circunstancias, Occidente vuelve los ojos al mundo grecorromano, donde encuentra los fundamentos que justifican su cultura y ánimo hegemónico. Se descubren así piezas literarias latinas que estaban virtualmente perdidas y que habían desaparecido del interés de una sociedad dominada por la religión. No es casual, sin duda, que aparezcan así en esos momentos históricos dos libros latinos que fundarán el género de la sátira.

Es en 1476 cuando aparece el primer manuscrito de Petronio, un fragmento de El Satiricón, autor latino de discutida filiación pero que mayoritariamente se acepta que era un miembro de la corte de Nerón, el emperador de la dinastía de los claudios famoso por los excesos de su vida y su pasión por el arte. Se ha visto así la novela como una sátira feroz sobre la vida de la corte romana de ese momento de finales del siglo I dC. La sátira debe justamente su nombre a esta obra, y parece que el nombre podría proceder del latín satura, equivalente a popurrí, o de un género de obras sobre la vida de los sátiros.

Cena de Trimalción, el vino cobra importancia

A lo largo del siglo XVI se encontrarán más fragmentos, pero habrá que esperar al 1.663 para hallar la versión más completa, que se publicaría pocos años más tarde en Amsterdam. Hallamos ahora la versión completa de la parte denominada Cena de Trimalción, una pieza indispensable para conocer las costumbres romanas de la época en cuanto a comida y festejos. De una inusitada franqueza en el lenguaje y la exposición, esta obra se nos aparece como un precedente de la literatura moderna. En un fragmento de la obra, el mismo autor parece justificarse: «¿Por qué, Catones, ¿me miráis con ceño fruncido y condenáis mi obra de una franqueza sin precedentes? Aquí sonríe, sin mezcla de tristeza, la gracia de un estilo limpio, y mi lengua describe sin rodeos el diario vivir de las gentes»

Es, por tanto, fácilmente deducible que el vino se erige en protagonista importante de esta pieza, por cuanto como ya vimos en los artículos dedicados al mundo romano, era una parte esencial de su alimentación y sobre todo de sus celebraciones. Las citas sobre el vino serían interminables, pero valgan algunos botones de muestra.

Fuente: Roman Kraft

Efectos del vino

A pesar del tono general de la obra, una de las primeras alusiones va en la línea de precaución sobre los efectos del vino, y en concreto dirigida a los artistas: “Si alguien aspira a un arte sobrio y se interesa por grandes temas, empiece por adaptar su vida a la estricta norma de la austeridad.  No le importe el palacio insolente con su altiva mirada, ni vaya tras los déspotas como cliente a la caza de una cena; no se entregue al vicio ni ahogue en vino el calor de su inspiración; no vaya al teatro contratado para aplaudir de oficio a los artistas”.

La sátira sobre el derroche que impregna todo el fragmento de la Cena de Trimalción, nuevo rico romano al que se ridiculiza puede apreciarse aquí: “Ya Trimalción, todo inundado de perfumes, se estaba secando, pero no con paños corrientes, sino con toallas de la más fina lana.  Mientras tanto, tres masajistas bebían vino de Falerno en su presencia, y, al pelearse por él, lo desparramaban en abundancia: «Es mío —decía Trimalción—, y lo beben a mi salud.» “Este vino de Falerno era célebre en la sociedad romana, como ya hemos visto en nuestro artículo Vino inspirador de poesía.

Vino con miel

Aún más explícito este famoso párrafo: “Ya Trimalción, después de dejar el juego, se había hecho servir de todo y, con su voz sonora, nos había autorizado a repetir, si alguien quería más vino con miel, cuando de pronto la orquesta da la señal y desaparecen los entremeses en manos de un coro de cantores. En el bullicio, un plato de postre se le fue accidentalmente de la mano a un esclavo, que intentó recogerlo del suelo. Trimalción, que se dio cuenta de ello, mandó abofetear al esclavo y tirar otra vez aquel plato. Apareció en seguida el encargado de la limpieza y se puso a barrer la plata con los demás desperdicios.”

No será “El Satiricón”, con toda su importancia, el único caso de recuperación de un libro que podríamos llamar inspirador de todo un género. A la misma tendencia cabe encajar otra obra recuperada en los albores del Renacimiento, Las metamorfosis, más conocida como “El asno de oro” de Apuleyo. Escrita probablemente más tarde que “El Satiricón” hacia el siglo II, pero descubierta antes, ni más ni menos que por Giovanni Bocaccio, el autor del “Decamerón”, en el siglo XIV.  Se ha conservado completa y se puede considerar, por el ambiente social que describe -la baja sociedad-, como un precedente de la novela picaresca.

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Magia

En esta singular obra asistimos a una serie de narraciones e historias de muy diverso tipo, siguiendo el afán del narrador Lucio, que, obsesionado con la magia, se encuentra accidentalmente transformado en la apariencia física de un asno. Es así como conocemos la historia del tabernero transformado en rana por una maga, de modo que “el viejo mezquino andaba nadando en la tinaja del vino, y, lanzándose debajo las heces, canta cuando vienen a su casa los que continuaban a comprarlo”. O la truculenta historia que el narrador nos hace de lo que acontece a su amigo Sócrates cuando se topa con las viejas brujas Panthia y Meroe: “A esto respondió Meroe, que así se llamaba la tabernera, lo cual yo conocí de ella más por su gesto de vino que por la conseja que me había dicho Sócrates:

-Antes me parece que debe vivir éste, porque siquiera entierre el cuerpo de este cuitado.

Y tomó la cabeza de Sócrates, y volviéndola a la otra parte, por la parte siniestra de la garganta, le lanzó el puñal hasta los cabos, y como la sangre comenzó a salir, llegó allí un barquino, en la que recibió toda, de manera que una gota nunca pareció. Todo vi yo con estos mis ojos, y aun creo que porque no hubiese diferencia del espiritual sacrificio que hacen a los dioses, lanzó la mano derecha por aquella degolladura hasta las entrañas la buena Meroe, y sacó el corazón de mi triste compañero. El cual, como tenía cortado el gaznate, no pudo dar voz ni solamente un gemido.”

De estos precedentes ilustres y afortunadamente rescatados de la noche de los tiempos, saltaremos en capítulos siguientes al tratamiento del vino en la novela moderna que mezcla sabiamente de nuevo la sátira y el placer del vino.

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