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Vicky Torres, vinos hechos con pasión

Vicky Torres, vinos hechos con pasión

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Vicky Torres pertenece a la quinta generación de Bodega Matías i Torres

Vicky Torres es el alma de Bodega Matías i Torres. Fundada en 1885, es una de las más antiguas de Canarias. Mantiene actividad desde sus inicios, gracias al trabajo de cinco generaciones de una misma familia. Y aquí, como representante de esa quinta generación, encontramos a Victoria Torres.

Hoy, que empezamos la semana dedicada a la mujer, queremos destacar a esta luchadora apasionada por su trabajo y su tierra.

Bodega Matías i Torres está en la isla de La Palma, Canarias, en las proximidades del cráter volcánico, la Caldera de Taburiente y dentro de la reserva de la Biosfera. Los terrenos son inhóspitos, con marcadas pendientes y terrazas de cara al mar. Hay viñas de más de un siglo de antigüedad, que no sufrieron la plaga de la filoxera, las cuales producen unos vinos que no se parecen a los de ningún otro lugar.

En el norte de La Palma está el barranco del Garomé, con sus fuertes pendientes. Para Vicky Torres es una zona que conoce muy bien, ya que es donde se encuentran sus viñas más inaccesibles. Están situadas a 1.500 metros de altura. En 2015 pierde a su padre, que dirigía la bodega y trabajaba las viñas. De pronto alguien tenía que relevarlo y Vicky asume el mando.

La tradición familiar de Vicky Torres

Viene de familia bodeguera, son varias generaciones dedicándose al mundo del vino, pero ella es la primera mujer que se hace cargo. Cursó estudios en Historia del Arte, Educación Social y Ciencias Náuticas. Nada relacionado con el mundo del vino. Pero ella siempre amó las viñas, aunque su padre solo la dejaba participar en la bodega. Ahora, todo es responsabilidad suya.

Vicky Torres asumió el reto. Pero decidió hacerlo a su manera. Para ella, uno de los objetivos principales, además de cultivar la viña y elaborar vinos, es contribuir a recuperar su isla. Quiere que vuelva a ser la de antes de la invasión de las plataneras y de la introducción del regadío. Y documenta lo que hace, ya que piensa que irremediablemente, desaparecerá. Lucha para que su oficio, tal como se ha realizado siempre, no se pierda.

Pero no encuentra el apoyo necesario. Se siente sola delante de la indiferencia general y se queja de la falta de compromiso. Es algo que no puede entender porque siente ese compromiso, como algo inherente a ella misma.

Viñedos: donde cultivar la viña y elaborar vino requiere un extra de pasión

Tiene siete viñedos en diferentes lugares de la isla. Algunos, en terrazas sobre el mar contra el viento que los castiga; otros, en terrenos oscuros de ceniza volcánica; otros perdidos entre precipicios volcánicos y zonas de viejos árboles frutales. Ella no solo los cultiva, los interpreta, los comprende, su relación con ellos va más allá de la del viticultor con la uva. Luego elabora sus vinos en la soledad de la antigua bodega familiar.

Consigue 20.000 botellas de tintos y blancos con gran personalidad, que reflejan el trato que ella les da. Cada uno de ellos tiene que ver con, entender y prever la evolución de cada variedad, dependiendo de la orientación y de la ubicación de la viña, del tipo de suelo, que, como se ha comentado puede ser pedregoso o cubierto de picón. Tiene en cuenta todas estas variedades, pero de una manera sencilla y directa, como la relación personal que ella tiene con la naturaleza.

Las variedades que cultiva son Albillo, Listán, Malvasía y Negramoll

Comenta Victoria Torres, que redescubrió el oficio en 2007 trabajando en la bodega, aunque a ella, lo que le apasiona realmente es el campo. “Donde nace el vino no es en la barrica, es en la viña”, son sus palabras.

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La pasión que siente por este oficio, no le impide ver la soledad en la que trabaja, se siente aislada ya que no puede consultar con nadie de la zona porque, actualmente, no hay viticultores menores de 70 años.

Solo le queda probar y equivocarse, la forma más dura pero segura para aprender, de ahí que el camino que realiza sea tan difícil. Y, el hecho de ser mujer no ayuda, ya que se siente más observada y cuestionada. No es fácil que alguien, que lleva toda la vida trabajando la viña de una manera, acepte cambios que vienen de una persona que lleva menos tiempo en el cultivo, y si ese alguien es una mujer, la desconfianza aumenta…

Pero el resultado del trabajo Vicky Torres está ahí, exporta el 85% de sus vinos a Estados Unidos, Portugal, Francia e Italia. También es un buen reconocimiento, el hecho de que, un restaurante como el Celler de Can Roca, tenga en su carta de vinos el Matías i Torres Malvasia Naturalmente Dulce.

Pero ella es apasionada y también optimista. Por eso, hace un llamamiento a personas que amen el oficio, para que se animen a instalarse en la Palma y así, compartir su proyecto aportando nuevas ideas. Como premisa pide mucha pasión y entrega, que lo tomen como un reto de vida, tal y como ocurrió con el Priorat.

A pesar de todo lo descrito, Vicky Torres siente que no está tan sola. Desde hace tiempo, internet la acerca a otras mujeres viticultoras españolas, con las que comparte su pasión, y a las que considera compañeras del vino.

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