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Vino en la Europa no romana

Vino en la Europa no romana

Vino en la Europa no romana, consumo menos sofisticado | Wine & Grapes News

El vino en la Europa no romana, su consumo pierde sofisticación, pero se mantiene

El vino en la Europa no romana: continuamos con el transcurso de la historia. Como veíamos en anteriores artículos, la cultura del vino estaba muy implantada entre los romanos. Esto equivale a decir todo su vasto territorio de influencia, que se extendió por toda la cuenca mediterránea y llegó hasta el Sahar en ell sur. También hasta la franja norte de Europa y el golfo Pérsico en oriente. Y ello durante largos siglos, desde tres siglos antes de Cristo, hasta la caída de la parte occidental en el año 476 –la parte oriental, si bien en permanente decadencia, duraría siglos hasta la invasión otomana-.

Esa caída, la de la vieja capital Roma y los territorios que entonces dominaba, supusieron también sin duda una caída cultural. Una crisis de costumbres y conocimientos de una civilización altamente sofisticada que se vio reemplazada, en parte, por la que traían consigo los pueblos invasores, los llamados bárbaros por los romanos.

Aunque eran un conglomerado bastante heterogéneo, y muchos de ellos ya habían sido latinizados por los contactos e influencias mutuas durante las conquistas romanas, o en los largos años de repliegue y decadencia de Roma,  no parece que la cultura del vino fuera de su excesivo agrado. Conocían el alcohol, sin duda, pero, como el caso emblemático de los celtas, lo consumían por la fermentación de cereales básicamente, es decir, en la bebida que conocemos como cerveza.

Fuente: Gigi Zupa

Las sagas nórdicas

Una prueba de las influencias del vino sobre los pueblos no romanizados la hallamos en las sagas nórdicas. Una manifestación de literatura que recoge, al menos en parte, la tradición oral de un mundo al que nunca pudieron someter los romanos, el de los famosos vikingos. Lo que hoy se conoce como sagas nórdicas, es un esplendoroso ramillete de narraciones que se escriben más o menos entre el siglo XIII y el XIV dC, en la remota Islandia. Recoge en parte el relato de la colonización de esta isla acaecida unos pocos siglos antes, y en parte, leyendas de la tradición noruega, de donde procedían la mayoría de los colonizadores.

Pues bien, en esta literatura que, como en otras partes de Occidente, viene a asentar unas leyendas que con toda probabilidad se transmitieron oralmente de generación en generación, hallamos una prueba concluyente de la influencia romana fuera de su dominio… y de algo más, profundamente interesante.

Viñedos en la América Pre-Colombina

Se cuenta en una de las sagas más famosas, la de Erik el Rojo, el conquistador de Groenlandia, que su hijo Leif llegó a unas tierras aún más al oeste:

«Leif dividió a sus hombres en dos partes, que se turnaban en la exploración de los alrededores. Él advirtió a sus seguidores mantenerse juntos y volver para dormir en su asentamiento. Una noche Tyrker no regresó con su parte. Profundamente consternado, Leif, al frente de doce hombres, fue en busca de él, y él no había avanzado mucho cuando descubrió al anciano alemán, muy emocionado, gesticulando salvajemente, y evidentemente ebrio. ¿Por qué, mi tutor?, gritó Leif, ¿Has llegado tan tarde? ¡¿Qué te hizo dejar a tus compañeros?!, respondió Tyrker en alemán, pero al recordar que los nórdicos no podían entenderle, habló, después de un tiempo, en su lengua: No he ido muy lejos; todavía tengo algunas noticias para usted. He descubierto vides cargadas de uvas. ¿Está diciendo la verdad, mi padre adoptivo?, exclamó Leif. Estoy seguro de decir la verdad, dijo Tyrker, porque en mi tierra natal hay viñas en abundancia».

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Fuente: Ricardo Resende

Terranova: el vino en la Europa no romana

El testimonio del anciano guerrero germano nos confirma el conocimiento de la vid de este pueblo. Pero, a la vez, el pasaje nos informa de la posibilidad de que los vikingos llegaran a las mismas costas americanas, a esa tierra que precisamente bautizaron como Vinland, tierra de viñas. Los estudios y exploraciones arqueológicas parecen acreditar  hoy que esa tierra existió y que el asentamiento nórdico en la isla de Terranova fue cierto.

Lo cierto es que, de la existencia de vides a la transformación de la uva en vino, hay un paso, y no podemos estar seguros de que el viejo Tyrker se embriagara con vino o, quizás, con otra substancia. De la misma manera que la presencia vikinga, si bien hoy parece estar certificada, no acabó consolidando su cultura en América, lo cierto es que el cultivo de la viña no se tradujo en producción vinícola  en la América que encontró Colón. Pero la pervivencia de esa especie de vid contribuiría siglos después a regenerar las viñas europeas diezmadas por la filoxera.

Claro que esa es otra historia, y también tuvo, cómo no, sus propios narradores. Ya volveremos a hablar del vino en la Europa no romana