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Vino y cantares de gesta

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Vino y cantares de gesta, Legajos atados con cordel | Wine & Grapes News

Vino y cantares de gesta: el vino siempre presente en la literatura, tanto hablada como escrita

Vino y cantares de gesta. En nuestro anterior artículo, en que centrábamos la atención en la tradición caballeresca, apuntábamos al florecimiento de la literatura medieval que, tras el período de la recesión de la literatura escrita de la Alta Edad Media, empieza a resurgir en el siglo XI y tendrá su auge en los dos siglos posteriores.

Como ya apuntábamos, eso no quiere decir que nazca de nuevo y que surja como una flor en el desierto, sino que más bien vendrá a plasmar y fijar una tradición literaria muy rica, de transmisión oral. Hay muchas manifestaciones de este tipo, y de alguna ya nos hemos encargado anteriormente. Hoy hablaremos de los Cantares de gesta. Es un género poético épico de una elaboración asombrosa, ya que pueden llegar a recoger uno solo de ellos hasta 20.000 versos, si bien suelen oscilar en torno a los 5.000. Son la expresión típica del arte de los juglares, que los recitaban o cantaban a un público analfabeto y, han llegado a nuestros días gracias a manuscritos que se van transmitiendo, sin duda, para ayudar a la memoria del juglar.

En Francia es donde florece especialmente el género, y ya aludíamos a éste cuando nos referíamos al ciclo artúrico que, junto al llamado de Carlomagno (del cual es el más célebre exponente la “Chanson de Roland”), conforman las dos grandes líneas de cantares en francés. Esta línea de Carlomagno llegó al territorio hispano a medida que la llamada Reconquista fue desplazando la cultura árabe al sur de la península, y ha pervivido en el manuscrito fragmentario del Cantar de Roncesvalles, atribuido al siglo XIII.

Fuente: Mark Rasmuson

Cantar del Mío Cid

Con todo, el más célebre y completo cantar de gesta en castellano es el “Cantar del Mío Cid”, cuyo manuscrito mejor conservado proviene, seguramente, del inicio del siglo XIII también. Este, frente a los ejemplos de la tradición francesa, desarrolla con más realismo y estilo directo las narraciones de las andanzas del legendario caballero Rodrigo Díaz de Vivar, que es protagonista de otros cantares posteriores. Es en el que nos ha llegado como “Cantar del Mío Cid” donde encontramos una de las primeras alusiones al vino en la literatura medieval española.

En concreto, en el episodio de su batalla contra el conde franco Don Remón, al que vence y hace preso, el mismo Cid le dirige estas palabras, para convencerle de comer y beber, ya que ha iniciado una huelga de hambre:

“Comed, conde, de este pan y bebed de este vino;

Si lo que digo hiciereis, saldréis de cautivo;

Si no, en todos vuestros días, no veréis cristianismo.”

Aunque el conde se resiste, finalmente transige y asistimos a un final feliz de la contienda en que el conde es liberado, si bien lo que el Cid le ha arrebatado en la batalla no les será devuelto:

“Pues lo necesito para éstos mis vasallos,

Que conmigo andan lacerados; y no os será dado.

Tomando de vos y de otros nos iremos reparando;

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Tendremos esta vida mientras pluguiere al Padre Santo,

Como quien ira tiene de rey y de tierra es echado.”

Fabliau: el vino y los cantares de gesta en Francia

Fuente: Debby Hudson

En Francia, por otra parte, florece también un género muy alejado al de los cantares o romans, por su brevedad y por su carácter realista y humorístico, opuesto al carácter idealista y el acento legendario de los cantares de gesta. Es el llamado fabliau, que muestra un esplendoroso auge. Es en esta misma época donde el pueblo asiste también, ávido, a las narraciones y representaciones de las hazañas de los héroes que se enmarcan en el asentamiento del rígido Estado feudal.

En el “Fabliau du Preste et de la Dame”, vemos interrelacionar dos clases sociales alrededor del consumo del vino: la mujer exponente del emergente estamento burgués que se dirige a su criada con estas órdenes para que prepare la mesa para su amigo: “carne cocida en la olla, pastel con pimienta / y vino claro y sano para beber”.

En otro fabliau, “Du preste et du chevalier”, se da un amplio listado de viandas y bebidas para un banquete, pero se anteponen los primeros de la lista “los panes y los vinos”. Estos son la base de la alimentación medieval, como ya decíamos en nuestro anterior artículo. Por tanto, son el mejor ejemplo de la hospitalidad medieval, la regla de oro de las relaciones sociales de la época, en palabras de la medievalista María Jesús Salinero Cascante, en su artículo “El imaginario del vino en la literatura medieval: la dualidad vida-muerte”, del que hemos extraído las citas de estos poemas.

Tras las huellas de aquellos juglares

Nos queda, sin embargo, aún una línea muy interesante a seguir tras las huellas de aquellos juglares que recorrieron los caminos de la sociedad. Y que, lentamente, caminaba hacia una sociedad más estable y un nuevo Renacimiento cultural, alejado ya de la épica y el entorno mítico y legendario de los caballeros andantes que protagonizaron, siempre con una buena reserva de vino a su alcance, los cantares de gesta. Y hasta aquí el vino y los cantares de gesta.

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