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Vino y epopeya satírica

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Vino y epopeya satíric, libros antiguos en estanterías | Wine & Grapes News

Vino y epopeya satírica: Gargantúa y Pantagruel

Vino y epopeya satírica. En nuestro anterior artículo descubríamos, al mismo paso que la Historia, que en los albores del Renacimiento se pudieron rescatar obras literarias del mundo romano escritas con una inusual libertad. Y que estas, acabarían teniendo una gran influencia en unos autores preparados en esa encrucijada histórica para acoger su humor aguzado y penetrante, lo que se acabaría denominando sátira.

Uno de los autores que mejor personifica esa nueva visión es François Rabelais, nacido en Chinon, en Francia, en los últimos años del siglo XV. Monje franciscano, después benedictino y finalmente secularizado para cursar estudios de Medicina y acabar ejerciendo de médico, este escritor nos entronca con su profundo humanismo militante con ese despertar renacentista a la mejor herencia clásica, pero también con las tradiciones de la línea rebelde y contestataria que mencionamos al hablar de la poesía goliardesca. Publicaría en 1532 bajo el seudónimo Alcofribas Nasier -anagrama de su nombre- el libro que empezaría a darle fama universal, “Pantagruel”. Aunque inspirado en un libro anónimo anterior, “Las grandes e inestimables crónicas del gran gigante Gargantúa”, su libro adquiriría de inmediato enorme fama.

El éxito le llevaría a la publicación del segundo libro, “Gargantúa”, y sucesivamente, y ya bajo su nombre verdadero y superada la censura intentada por la Sorbona, tres libros más, hasta el Libro V, publicado póstumamente en 1564, y del cual se discute de hecho su autoría.

A beber, a beber

Gargantúa y Pantagruel son dos gigantes, de medida variable según las circunstancias que convienen al autor en cada episodio, y son espejo de la desmesura, y así en el comer y el beber. Y dentro de éste, por supuesto, el beber vino. De hecho, Pantagruel nace ya gritando claramente “A beber, a beber”. No hay cortapisas morales ni las amonestaciones al bebedor que hallamos y hemos descrito en esta serie de artículos en tanta i tan dispar literatura. Rabelais dedica su obra a los “Ilustrísimos bebedores y preciosísimos sifilíticos, pues a vosotros y no a otros van dedicados mis escritos…”. El beber vino aquí es buena práctica, y así “nunca hombre noble el buen vino desprecia”, y se ensalza sin ambages el poder del vino para “llenar el alma de todos de verdad, saber y filosofía “.

No está claro, acudiendo a sus propias declaraciones de propósitos, si Rabelais intentó en esta serie de libros algo más que entretener y hacer reír, o profundizar en una crítica humanista de sentido didáctico. Todo nos parece indicar, sin embargo, que tras el éxito de “Pantagruel”, con el segundo, “Gargantúa”, y los sucesivos que narran un viaje de Pantagruel de la mano de su amigo Panurgo, Rabelais quiso dejarnos un mensaje de tintes sociales de amplio calado. Incluso se ha visto su segundo libro, que refleja la utópica vida en la abadía de Thélème, como un precursor de las ideas anarquistas.

Fuente: Gustave Doré

Género picaresco

En cuanto a Panurgo, antihéroe cobarde, truhán y libertino, nos remite a otros libros contemporáneos que generarán en la España del momento el llamado género picaresco. A la vez, toda la imaginería de estos libros conecta con el ambiente carnavalesco en pleno auge en la época.  La parodia del libro IV, por ejemplo, de claras referencias jocosas a la Odisea, pero también a los estamentos poderosos de su tiempo, son uno de los mejores ejemplos del espíritu carnavalesco que hoy apenas sobrevive bajo el impacto de nuevas tradiciones lúdico-festivas.

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Si problemática es la atribución -al menos completa- a Rabelais de la autoría del libro V, también lo es la de otro libro póstumo, “Tratado del buen uso del vino”. Como sea que sólo nos ha llegado a través de una traducción checa de 1622, no está claro que sea obra de nuestro Rabelais, y de hecho sólo ha sido traducido al castellano hace poco más de una década. En todo caso, en este breve libro se hace un verdadero panegírico de nuestra bebida. De ella se dice que es capaz de “entretener cuerpo y alma, alterar estados tanto en el plano exterior como en el interior”, y describe el vino espumoso como un eficaz remedio “contra el desaliento, contra la bilis negra, contra la contrición, la tristeza, la pena, la añoranza, la melancolía, el fastidio, el sorbonismo, el secamiento de sesos y el desengaño”.

 “Consejos para beber”

Entre los consejos que hallaremos en el libro, pretendido extracto de un monumental tratado sobre el uso medicinal del vino del mismísimo Pantagruel, cabe destacar las tres reglas fundamentales del buen beber:

  1. “1. jamás beber en soledad: hacer siempre de la ocasión de beber un motivo para la celebración y el brindis con quienes nos hacen felices; 
  2. beber siempre lo mejor: en la medida de lo posible, elegir el vino con la misma atención y la misma dedicación con que elegimos los deseos para quienes amamos y sentimos imprescindibles en nuestras vidas; y 
  3. 3. jamás beber para olvidar las penas si no se bebe a la vez para alimentar los sueños: recordar con nostalgia lo perdido, pero dejar siempre abierto un último brindis por lo que nos queda todavía por vivir.”

El autor dirige sus consejos a “la tribu de los bebedores ilustres, de los nobles, de los rústicos, los venerables, los infames, los rastreadores de damajuanas, los empinadores de botella, los amantes de la bota, sabios del macerado barril, a los santos beodos, a los borrachines anónimos y a los más distinguidos catadores “. El hecho es que halló muchos admiradores que celebraron y siguen celebrando las aventuras de esas gigantescas criaturas que protagonizaron su inmortal epopeya satírica, siempre con un buen vino de acompañamiento. ¡Así es que vino y epopeya satírica, siempre unidos!

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