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Vino y Mester de Clerecía

Vino y Mester de Clerecía

Vino y Mester de Clerecía, imagen de caballero con espada | Wine & Grapes News

Vino y Mester de Clerecía: camino al renacimiento

Vino y Mester de Clerecía. En nuestro anterior artículo, decíamos que nos proponíamos seguir el rastro de la poesía de los goliardos en los siglos posteriores. Y, que los cantos al placer mundano propios de esa tradición, o de otras relacionadas con los juglares, irían tomando cuerpo en unas sociedades occidentales que ya dejan atrás la estratificación del mundo feudal.  Al tiempo que esa tradición abre caminos, en realidad enlaza con otras, de las cuales vendrían a ser eslabón hacia nuevas formas y paradigmas.

Nos detuvimos bastante en esta serie de artículos en el mundo romano, a su vez tan conectado con la cultura griega, por lo que hace a su ensalzamiento del cultivo del placer en la vida de sociedad, en la cual el vino era un infaltable invitado. En la historiografía a que nos hemos acostumbrado, hablamos de Renacimiento como este período en el que desemboca la Edad Media. Ello no significa otra cosa que recuperar la tradición de esas culturas que abrieron la especie humana a los valores centrados en el hombre, y su liberación de los designios, distantes e implacables, impuestos por los dioses, por las normas establecidas en creencias religiosas, ya fueran politeístas o -quizás aún con mayor empeño censor- monoteístas.

Ello no es óbice para reconocer que, en los largos siglos medievales, los que suceden a la caída del Imperio Romano, es la Iglesia la que mantuvo en buena parte, el hilo del conocimiento adquirido. Y eso gracias a las labores de custodia y copia de los textos antiguos que desarrolló en sus monasterios, auténticos reductos de cultura en aquellos agitados años.

Fuente: Mark Rasmuson

El Libro del Buen Amor

Los goliardos, aunque eran lo que hoy podríamos llamar unos outsiders, no dejaban de pertenecer al clero. En los siglos XIII y XIV hallamos en el mester de clerecía un paso más allá del mero trabajo de copistería. El clero proporciona también autores que crean obras y géneros nuevos. Si bien el conjunto de obras en sentido estricto adscritas a este nuevo mester es relativamente escaso, en un sentido amplio, podemos hablar de obras fundamentales para la literatura castellana como el Libro del Buen Amor, o el Poema de Fernán González. También hay que denotar su conexión con otras culturas, como la hebraica y la musulmana, que representan autores como Sem Tob o Yusuf, u otros perteneciente a la nobleza cortesana, como Pedro López de Ayala.

La obra que sin duda nos interesa más glosar aquí es la primera mencionada, conocida como el “Libro del Buen Amor” o también “Libro de los cantares “o “Libro del Arcipreste”, por ser atribuida al Arcipreste de Hita Juan Ruiz. Se trata de un libro compuesto hacia la cuarta década del siglo XIV, del que nos han llegado tres manuscritos incompletos. Como muchas de las obras que hemos mencionado en los últimos artículos, se trata realmente de un conjunto heterogéneo de relatos, si bien tiene un hilo argumental único en las pretendidas narraciones autobiográficas de los amores del propio autor.

El uso del vino

El uso del vino en este Libro mantiene la dualidad que hemos recogido abundantemente en esa serie de artículos sobre sus tratamientos en la historia de la literatura. Así, se advierte sobre los peligros de la embriaguez, mientras se aconseja la mesura en el acto de la bebida: «Es el vino muy bueno en su mesma natura/ Muchas bondades tiene, si se toma con mesura».

Por otro lado, su presencia continua nos refleja, como hemos visto en otras muestras de literatura medieval, la omnipresencia del vino en el régimen alimenticio diario y a la vez su asociación con el festejo y, por ende, el ensalzamiento del placer de la comida y la bebida en abundancia. Se describen así detalles como los hábitos de consumo y hasta métodos de conservación. Así en pasajes descriptivos de la tienda de don Amor: «Enclaresçe los vinos con ambas sus almuezas»; «fazié çerrar sus cubas, henchirlas con embudo/ echar deyuso yergos que guardan vino agudo».

Fuente: Nino Maghradze

La literatura de debate

Una de las partes más populares de este “Libro del Buen Amor” es la sección del combate de don Carnal contra doña Cuaresma, que recoge uno de los géneros habituales de la época, la de la literatura de debate. En esta sección hallamos un verdadero catálogo de elementos componentes de un banquete, donde no falta evidentemente el vino:

“vino don Carnal, que ante estava esforçado,

de gentes muy guarnidas muy bien acompañado,(…)

Puso en las delanteras muchos buenos peones,

gallinas, e perdiçes, conejos, e capones,

ánades, e lavancos, e gordos ansarones,

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fazían su alarde çerca de los tisones.(…)

Las puestas de la vaca, lechones et cabritos,

allí andan saltando e dando grandes gritos,

luego los escuderos, muchos quesuelos fritos,

que dan de las espuelas a los vinos bien tintos.”

Podemos considerar esta compleja obra como un excelente ejemplo de la transición entre tradiciones a la que aludíamos antes: de una parte, recoge modelos tan antiguos como el “Ars Amandi” de Ovidio, o las más recientes de los mismos cantares goliardescos -dentro de los cuales a veces se ha incluido la obra- o los cantares de gesta. Pero por otra parte supone ya una aproximación distanciada, una clara visión paródica de elementos medievales que suponen el precedente claro de las obras que analizaremos en artículos siguientes, ya claramente enclavadas en el mundo moderno. Una cita a la que, naturalmente, tampoco faltará el vino. El vino y el Mester de Clerecía pueden ser muy buenos compañeros para este tiempo estival.

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