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Y se hizo la luz

Y se hizo la luz

Y se hizo la luz, botella del brandy Torres Alta Luz y vaso | Wine & Grapes News

Y se hizo la luz. Una Alta Luz en forma de brandy

Y se hizo la luz. No se trata de ningún milagro, pero sí es fruto de mucho trabajo. Hoy en Wine & Grapes News os presentamos Alta Luz un brandy cristalino elaborado en Barcelona.

Desde que tengo uso de razón, en mi casa había brandy de la Familia Torres. Haber nacido en el seno de una familia dedicada a la restauración me permite recordar con nostalgia el Fontenac. Podría extenderme en recuerdos que tienen mucho que ver con mi niñez y mi profesión actual como sumiller y, Torres ha sido un nombre que siempre ha estado en cualquiera de mis etapas vitales.

Hoy os quiero hablar del último brandy de Juan Torres Masters Destillers, la división dedicada a los destilados de Familia Torres. Lo han llamado Alta Luz y es un brandy transparente y, cristalino. Esto, en si pudiera ser una contradicción ya, que el brandi o brandy apareció en el siglo XII y se hizo popular en el siglo XIV.

Vino quemado

La palabra procede del holandés “branwijin” que significa “vino quemado”, siendo este país el principal destino de este tipo de vinos “para quemar” (destilar). Inicialmente el vino era destilado como método de conservación para hacer más fácil su transporte a los comerciantes. La intención era rehidratar o agregar de nuevo el agua separada del brandi en la destilación, poco antes de su consumo. Luego se descubrió que, si se almacenaba en barriles de madera, el producto resultante se mejoraba considerablemente comparado con el destilado original. A partir de ahí podemos encontrar muchos otros destilados: el apreciado coñac francés, su hermano pequeño el armañac o el pisco peruano, son alguno de los máximos exponentes en el panorama actual del brandi.

Torres Alta Luz

Torres Alta Luz es un brandy obtenido por el tradicional sistema de la doble destilación en alambiques y envejecido en barricas de roble francés. El componente innovador llega tras el añejamiento, cuando es sometido a un filtrado mineral que permite preservar todo su sabor y carácter, aun eliminando el característico color que le ha aportado la madera. El resultado es un brandy totalmente cristalino, que ha alcanzado un equilibrio óptimo en su sabor sin perder madurez gracias a la experiencia y perseverancia del Maestro Destilador Matías Llobet, y varios años de experimentación.

No hace mucho que me llegó una botella a casa y al principio la miré con cierto escepticismo, pero, una vez la abrí, no tuve más remedio que cambiar de chip y rendirme a los matices de esta singular bebida.

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Nota de cata

He intentado no condicionarme a la nota de cata propia de la firma y, por ello, me he ayudado de las opiniones de mis imparciales de casa, sin decirles que era lo que bebían.

Como es obvio, su color es transparente y cristalino por lo que la fase visual, no era difícil. En nariz la cosa se complica ostensiblemente. La mandarina o el membrillo se acompañan de hierbas mediterráneas y, en una paleta de aromas deliciosa que crece con el movimiento y es dinámica ya que, si eres capaz de esperar sin beber, los aromas cambian y se tornan dinámicos. En boca tiene un paso muy sedoso. Incluso cremoso. Las frutas aparecen entre sensaciones dulces y el postgusto es muy largo y cargado de elegancia. Esperando encontrar los típicos toques de madera marcados, si buscas, hay reminiscencias tostadas y alguna vainilla propia del roble.

Seguro que los mixólogos se lo van a pasar muy bien con este brandy cristalino, pero los amantes de los destilados van a llevarse una enorme y deliciosa sorpresa. Pensarán, y se hizo la luz.

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